A los pies de la pared este del Monte Rosa, a 1600 metros de altitud, el ’Agroturismo Alpe Burki mantiene viva desde hace seis generaciones una tradición quesera que narra la historia más auténtica de Macugnaga.
Seis generaciones en el mismo alpe
Todo comenzó con la bisabuela Margherita, que abrió una pequeña posada y ofrecía a los primeros turistas los productos de su propio trabajo agropecuario: leche y queso acompañados de la clásica polenta. El pasto alpino había sido heredado del tatarabuelo materno, que en 1871 se convirtió en su propietario al pagar a la comunidad lo debido para la construcción de la iglesia parroquial de Macugnaga. Desde entonces, seis generaciones de la misma familia cocinan especialidades de los Alpes para quienes suben hasta aquí a admirar la imponente pared este del Monte Rosa.
El queso Burki y la toma joven
La decisión de continuar con la tradición quesera y la ganadería permite al agroturismo ofrecer aún hoy una toma de producción propia, junto con embutidos de la explotación agrícola, todo ello acompañado de la característica polenta de grano grueso cocinada según la tradición. El agroturismo de montaña está abierto todos los días del 10 de junio al 8 de septiembre y los fines de semana, mientras que durante los meses de junio, julio y septiembre se celebran cursos de elaboración de queso en la quesería de montaña, para quienes deseen conocer de cerca los secretos de la producción.
Cómo maridarlo con vino
Al tratarse de una toma joven y de sabor más delicado que los grandes quesos de montaña curados, el Burki se presta a maridajes más suaves: un vino no demasiado tánico, capaz de acompañar su frescura sin ocultarla. Es un maridaje sencillo pero eficaz, ideal para quienes desean descubrir los sabores más auténticos del Valle Anzasca durante una de nuestras catas.
Dónde probarlo
La forma más auténtica de degustar el Burki sigue siendo una visita al agroturismo de Macugnaga, donde se ofrece junto con embutidos y platos típicos de la tradición walser. Para horarios y reservas, la referencia es el sitio web de la Agri-empresa Burki.
La cultura walser en el plato
La propuesta gastronómica del Alpe Burki forma parte de una recuperación más amplia de la cocina walser de montaña, elaborada con pocos ingredientes genuinos y técnicas de conservación transmitidas durante siglos, como el ahumado de los embutidos y la curación de los quesos en ambientes naturalmente frescos. Una comida en altura, entre polenta y toma, sigue siendo hoy una de las formas más auténticas de conocer esta cultura.
Un oficio que perdura en el tiempo
La decisión de la familia propietaria del Alpe Burki de continuar, generación tras generación, con la misma actividad quesera representa un caso ejemplar de continuidad empresarial en un sector, el de los pastos alpinos, a menudo amenazado por la despoblación de las zonas de montaña: un modelo que demuestra cómo pueden convivir tradición y sostenibilidad económica.
Una experiencia para vivir en altura
Subir hasta el Alpe Burki para probar el queso directamente allí, quizá acompañado de polenta preparada según la receta tradicional, sigue siendo la experiencia más auténtica posible: una forma de comprender no solo el sabor del producto, sino también el contexto de esfuerzo y dedicación en el que se elabora, en contacto directo con la pared este del Monte Rosa que domina el paisaje.
Una última consideración: la autenticidad de la experiencia ofrecida por el Alpe Burki, alejada de cualquier forma de turismo estandarizado, sigue siendo probablemente el valor añadido más importante para quienes buscan un contacto auténtico con la montaña de Ossola.
Seis generaciones, una única pasión auténtica.
Seis generaciones de pasión, en cada pieza de queso.
Seis generaciones, una única toma inolvidable.
Una última palabra sobre el Burki: su historia familiar, transmitida de generación en generación, es quizá el ejemplo más auténtico de cómo la tradición quesera walser ha sobrevivido hasta nuestros días.
Un oficio antiguo, custodiado con amor durante generaciones.
Seis generaciones de auténtica pasión quesera.
Un maridaje que refleja bien la doble alma de Ossola: por un lado, los pastos alpinos walser con sus tomas curadas; por otro, la viticultura heroica de los bancales, dos tradiciones que se encuentran idealmente en una cata dedicada a los productos del territorio.