Se llama llanto, pero es un fenómeno positivo relacionado con la poda de la vid y con el periodo de despertar de la planta con la llegada del buen tiempo, cuando comienza la fase de brotación. ¿No es acaso con el llanto como empieza la vida?
Qué es «el llanto» de la vid, cuándo y por qué llora la vid
Después de que la temporada de crecimiento y la cosecha hayan finalizado, los días empiezan a ser más fríos, las hojas caen y las vides entran en la fase de dormancia. En ausencia de follaje, durante todo el invierno, la savia queda retenida en gran medida en las raíces.
Hacia el final del invierno, con diferencias según las zonas y los criterios de cultivo de las variedades de uva, se lleva a cabo la poda en seco, o poda invernal, eliminando las ramas más viejas para favorecer la posterior fructificación de las más vigorosas.
Cuando el suelo empieza a calentarse, con la temperatura ambiente elevándose hasta unos 10 °C, la savia vuelve a circular por la planta y asciende desde las raíces a lo largo del tronco hasta las ramas y los sarmientos, saliendo después a través de las heridas dejadas por la poda invernal.
Por eso se dice que la vid llora, por las gotas de savia que brotan de la planta, indicando a nosotros, los viticultores, la reanudación del ciclo vegetativo.
¿Cómo funciona?
Para comprender cómo funciona el llanto de la vid podemos partir de un paralelismo entre la anatomía humana y la vegetal. Imaginemos que la savia que circula por la vid es la sangre: los conductos de lo que se denomina floema serían las arterias, que llevan la savia, rica en sustancias derivadas de la fotosíntesis, desde las hojas hasta los tallos y las raíces.
Del mismo modo que a nuestro sistema circulatorio arterial le corresponde el venoso, en la vid al floema le corresponde el xilema, que transporta agua cargada de minerales en dirección opuesta, desde las raíces hasta los tallos y las hojas.
Cuando las temperaturas empiezan a subir de nuevo en primavera y despiertan las vides , las raíces absorben los nutrientes y el agua del suelo, el xilema y el floema se reactivan para hacer circular la savia y los nutrientes por los tallos. De este modo, el líquido de la savia llega hasta las puntas de los sarmientos, atravesando el tronco y los brazos, y la vid comienza a «llorar» por las cicatrices de las podas.
Según la variedad y la edad de la planta, el clima y la forma en que se ha podado, una vid puede derramar incluso litros de savia antes de que la propia savia cicatrice los cortes de la poda.
La savia contiene citoquininas y giberelinas, hormonas fundamentales para el desarrollo de las partes jóvenes de la planta, que nutren los brotes; por otro lado, precisamente porque con el llanto la vid inicia la verdadera fase de brotación, es un momento muy delicado.
Una helada después del llanto de la vid puede resultar fatal, tanto porque el resto de la planta se ve privado de la cantidad adecuada de líquidos y carbohidratos para resistir al frío, como porque la «lágrima» densa y transparente que recorre los sarmientos podría congelarse alrededor de los propios brotes, provocando su muerte.

La leyenda calabresa sobre el llanto de la vid
Un acontecimiento natural evocador y recurrente como la salida de savia por los cortes de poda no podía dejar de inspirar un cuento dedicado a él: en Calabria se cuenta que, en un tiempo impreciso, como corresponde a toda leyenda, la vid era capaz de producir solo hojas de un hermoso verde brillante, cuya sombra impedía, sin embargo, que las útiles plantas sembradas cerca se desarrollaran debidamente.
Un campesino que tenía una vid en su terreno decidió podarla drásticamente, reduciéndola a un tronco y a unas pocas ramas, cortas y nudosas.
Al verse así, la vid se puso a llorar, conmoviendo a un ruiseñor que antaño solía refugiarse entre su frondoso follaje.
El ave empezó a cantar, para consolarla y mover a compasión a las estrellas, para que le devolvieran su belleza y, tras diez noches de canto, logró su objetivo: las estrellas hicieron brotar yemas, después pámpanos y zarcillos y, por último, jugosos racimos. La vid se volvió fructífera y se ganó el respeto del campesino, con bayas de sabor dulce como el canto del ruiseñor, intenso y con la misma fuerza que las estrellas, un fruto que trae alegría como las noches de verano.
Los beneficios cosméticos de las «lágrimas» de la vid
Parece que antiguamente las personas que trabajaban en los viñedos recogían la savia de la vid para masajearse las manos y el rostro, tras observar que reducía las manchas y protegía en general de los agentes atmosféricos. Aún hoy, la savia de vid, rica en antioxidantes naturales, se utiliza en algunos productos cosméticos: cremas hidratantes, tónicos y sérums, para el cuidado y la nutrición de la piel y el cabello.
Visita los viñedos en el mes de marzo y ven a ver el llanto de la vid