El Sacro Monte Calvario de Domodossola es uno de los lugares más importantes de la ciudad, reconocido como patrimonio de la Unesco y desde hace siglos destino de peregrinación y recogimiento espiritual.
Una colina con una historia antigua
La colina Mattarella, sobre la que se alza el Sacro Monte, albergaba un castillo que se remonta al menos al siglo X, destruido por los suizos en 1415. Durante unos dos siglos, la colina permaneció abandonada, hasta que en 1656 dos frailes capuchinos eligieron precisamente este lugar para crear una “Vía Procesional” en honor de la crucifixión de Jesús. Las obras comenzaron al año siguiente, en 1657, con la construcción de las primeras cruces que después se convertirían en auténticas capillas.
Doce capillas y el santuario octogonal
El proyecto, apoyado con entusiasmo por la comunidad de Ossola y aprobado por la Diócesis de Novara, llevó a la construcción de doce capillas decoradas con estatuas y frescos, que representan las estaciones del Vía Crucis, a las que se suman tres capillas dedicadas al Descendimiento de la Cruz, al Santo Sepulcro y a la Resurrección. En la cima de la colina se encuentra el santuario octogonal de la Santa Cruz, cuya construcción comenzó precisamente en 1657.
Antonio Rosmini y el Instituto de la Caridad
El Sacro Monte Calvario no es solo un lugar de devoción popular: en 1828, el filósofo y teólogo Antonio Rosmini eligió precisamente esta colina para fundar el Instituto de la Caridad, la congregación religiosa conocida aún hoy como los “Rosminianos”. Fue aquí, entre 1832 y 1833, donde Rosmini concluyó una de sus obras más célebres, “De las cinco llagas de la Santa Iglesia”. El vínculo entre el filósofo de Rovereto y este lugar sigue siendo hoy uno de los aspectos más significativos de la historia del Sacro Monte.
Un antiguo huerto entre fe y agricultura
En el pasado, la colina también albergaba parcelas de terreno, en parte cultivadas con viñedos y en parte destinadas a la ornamentación de las residencias religiosas que se alzaban allí: un valioso testimonio de las tradiciones agrícolas de la época. Aún hoy existe un pequeño huerto didáctico, utilizado por las escuelas para acercar a los niños de infantil y primaria a la agricultura, manteniendo viva esa histórica vocación del lugar.
Patrimonio de la Humanidad desde 2003
Desde 2003, el Sacro Monte Calvario de Domodossola forma parte del grupo de los nueve Sacri Monti prealpinos de Piamonte y Lombardía incluidos en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, un reconocimiento que certifica su valor artístico, espiritual y paisajístico a nivel internacional.
El Sacro Monte en el corazón de Domodossola
El Sacro Monte domina Domodossola y se puede llegar a pie desde el centro histórico, no lejos de Piazza Mercato. Para profundizar en su historia y horarios de visita, la referencia es la ficha de visitOssola.
Después de la subida al Sacro Monte, los viñedos que rodean Domodossola están a pocos minutos: una oportunidad para una degustación que une espiritualidad y territorio.
Un lugar que sigue atrayendo visitantes
Cada año, el Sacro Monte Calvario atrae a visitantes interesados tanto en el aspecto religioso como en el histórico-artístico, confirmándose como uno de los destinos más significativos no solo de Domodossola, sino de todo el Val d’Ossola, capaz de hablar a públicos diferentes con un único lenguaje hecho de arte, fe e historia.
Un lugar, en definitiva, capaz de hablar tanto al corazón como a la mente de quienes lo visitan.
Un recorrido espiritual que sigue evolucionando
En los últimos años, el Sacro Monte Calvario ha sido objeto de intervenciones de mantenimiento y puesta en valor destinadas a preservar sus frescos y estructuras arquitectónicas, a menudo expuestos a las inclemencias del tiempo debido a su ubicación en la colina. Estas intervenciones, realizadas en colaboración entre entidades religiosas e instituciones locales, garantizan que el recorrido de las capillas pueda seguir siendo disfrutado con seguridad por las próximas generaciones de visitantes y peregrinos, manteniendo intacto el valor artístico y espiritual del conjunto.
Un lugar que, una vez visitado, difícilmente se olvida.